26 oct 2008

Instante al instante





En el nombre del Padre y del Hijo y de la especie,

en el nombre de las cosas que no tienen nombre;

en nombre y memoria de los que no tienen nada

y sucumben, abandonados, sin apellidos.



En nombre de la conciencia, seca para tantos;

en el de la Ley marcada por arte divino;

en nombre del Derecho Universal de los Hombres

que proclama que todos nacemos para herirnos.



En nombre de las cosas que no tienen sentido:

los semáforos sin luces, los odios encendidos,

los cantos de sirenas que nunca se escucharon,

la huída de los ángeles, el miedo de los niños

como bocas abiertas de peces espantados.



En nombre del Padre y del Hijo y del Cielo

y del Amor que no es Amor en todas las partes;

y, hasta en el nombre santo de estos versos inútiles,

quiero confesarme creyente del Hombre sólo,

del Hombre que se crea y se destruye por serlo,

que camina siempre por los caminos del barro

modelando un dios a su imagen y semejanza.



Por eso en nombre del Hombre y del Barro y del Verso,

yo creo, firmemente, en las sombras de las cosas,

creo en lo imperfecto por los siglos de los siglos

y en la íntima eternidad de un instante al instante.




Autor: Cleofas
Desde: Los tejados

Mendigo


G.Moore - Merry Go Round.mp3





Ahora vengo de dejar la tierra sola, el callejón cerrado, y la noche abierta,las sombras inhumanas y el llanto de la esquina que me ve desahuciado,con mi ondeante cartón, sopa de naufragio, amparo de heladas y luces amarillas.Visto un traje de sombras y aireados bolsillos,hago mis necesidades poniendo nombre a cada peña del lavabo y el retrete. y cuentan mi historia cada día dos caimanes por zapatos.

Ahora vengo a apagarme en el quicio desvencijado de esta puerta,en las paredes sin camisa, en la mesa coja que no aguanta nada.Vengo de ningún sitio, como de un sueño tendidopara que me proteja del mundo esta puerta carcomida,mitad carbón de mala lengua, mitad carroña de valores. Ya puedo descansar bajo un techo de chatarra,arriba las estrellas tan distantes, abajo usura y desconsuelo.

Ahora vengo, desnuda la palabra, a mendigar con mi mininocuando el hambre es más veloz que mis ideas,un cuscurro de pan de entendimiento y media lata de sardinas de ternura,he de cuidar que el perro no se coma la barriga de mi gato y su pescadocuando el hambre castañetea sus dientes directivos, mientras nos chupamos los pringados dedos y los hirsutos bigotes sin blanca.

Ahora vengo somnoliento de ser enterradocon bostezos de araña y mirar tierno.ni la espesa tierra quiere vagabundos desahuciados en amor.Vengo de perder hasta mi nombre en un regazo que tiene por rey al dios del mundo y su sistema financierocon sus indiscutibles babas y peldaños.

Ahora vengo de patear latas de olvido rumiando mi dolor,furia de zorro y cuchillo que espoleó mi demanda.Soy un puñado de carne solitaria y un corazón camicace.Siete litros de sangre solitaria bajo la piel de un caballo que perdió crines y norte entre sus pasos irregulares.

Entre el claro día de sus piernas amortajado he sido.Simplemente aposté por el amor frente al perro del dinero.

Pepe Martín

El Viejo Músico







En tiempos del califa Omar, había un viejo músico que amenizaba las reuniones de hombres de buen gusto. Con su hermosa voz, incluso al ruiseñor embriagaba.


Pero pasaba el tiempo y el halcón de su alma se transformaba en mosquito. Su espalda se curvaba como la pared de una cántara.

Su voz, que en otros tiempos acariciaba las almas, empezaba a arañarlas y a aburrir a todo el mundo. ¿Hay en esta tierra alguna mujer hermosa que no haya sufrido al deteriorarse su belleza? ¿Hay algún techo que no haya terminado por venirse abajo?.



Así cayó nuestro hombre en la penuria y hasta el pan llegó a faltarle. Un día dijo:
¡Oh, Señor! Me has concedido una larga vida y me has colmado de tus favores.

Durante setenta años, no he dejado de rebelarme contra ti, pero tú siempre me has ofrecido con qué subsistir.

Hoy, ya no gano nada y soy huésped tuyo. Por tanto, cantaré y lloraré por ti.


Tomó el camino del cementerio. Allí tocó el laúd y cantó, vertiendo amargas lágrimas.

Luego, el sueño se apoderó de él y, tomando su instrumento como almohada, se durmió. Su cuerpo quedo liberado de las vicisitudes de este mundo. Era tan feliz en su sueño que se decía:
¡Ah! ¡Si pudiera quedarme aquí eternamente!.



Pues bien, en aquel mismo instante, el sueño se apoderó también de Omar, el califa del Islam, que se dijo:
No es desde luego hora de dormir, pero acaso haya una razón para esto.


Entonces, una voz de lo Desconocido se dirigió a él y le dijo: está en este momento en el cementerio. Ve a darle setecientos dinares. Y dile que recobre el reposo del corazón. Ruégale que acepte esta suma y que vuelva a verte cuando se haya agotado.



Al despertar, Omar puso la suma indicada en una bolsa y se trasladó al cementerio. Al no encontrar allí sino a un anciano dormido, se dijo:
Dios me ha hablado de un hombre puro, de un elegido. No puede ser este viejo músico.


Y, como un león cazando, dio varias veces la vuelta al cementerio. Viendo que no había nadie, aparte el anciano, se dijo:
Hay corazones iluminados en los más olvidados rincones.



Se acercó al músico y tosió para despertarlo.
El músico, al ver ante él al califa del Islam, quedó atemorizado y se puso a temblar, pero Omar le dijo:
¡Oh, anciano! No tengas miedo. Te traigo una buena noticia de parte de Dios.

El te ha considerado digno de sus favores. Aquí hay algún dinero. Gástalo y vuelve a verme.



A estas palabras, el anciano se puso a llorar y, tirando su instrumento al suelo, lo rompió diciendo:
¡Tú eras el velo entre Dios y yo!.


Omar le dijo:
Son tus lágrimas las que te han despertado. Es bueno recordar el pasado.

Pero para ti, en adelante, el pasado y el futuro son velos.

Tú te has arrepentido de tu pasado y debes ahora arrepentirte de tu arrepentimiento.